ESPACIOS PARA ABRIR CONVERSACIONES

Trabajamos de forma continuada con niños, niñas y adolescentes. Escuchamos sus preguntas, observamos qué contenidos consumen y qué está cambiando en su manera de relacionarse, jugar, informarse o construir su identidad. No nos quedamos solo con lo que vemos. Lo contrastamos con investigación, evaluación y conocimiento especializado para entender mejor qué está ocurriendo y cómo acompañarlo.

Por eso nuestras sesiones no salen de un catálogo cerrado, no son presentaciones enlatadas que podrían servir para cualquier público. Construimos cada propuesta pensando en quién va a estar delante: alumnado, familias o profesorado, con lenguajes, preguntas y herramientas diferentes para cada caso.

EPO
"Exposición a contenidos no adecuados"
ESO, Bachiller, FP, Grados...
"Sexualidad sin porno"

Abrimos conversaciones a partir de lo que vemos cada día en las aulas, pero también desde la investigación. “Sexualidad sin porno” ha sido desarrollado junto a la UPV/EHU a partir de un estudio sobre el impacto del consumo de pornografía en adolescentes, y ha sido pilotado y evaluado con pretest y postest.

UNA GUÍA PARA FAMILIAS Y PROFESIONALES. Interactiva, visual y de fácil acceso

Empatía, afectividad y sexualidad van de la mano.

El porno te encuentra, aunque no lo busques.

El acceso fácil a internet hace que personas menores se topen con material sexual explícito a edades cada vez más tempranas. 

Más allá de curiosidad, esto puede configurar imaginarios distorsionados sobre las relaciones afectivo sexuales.

El porno como refugio emocional.

Hay jóvenes que buscan en estos contenidos una vía de escape frente a emociones difíciles de afrontar —ansiedad, estrés, soledad— y lo que suele surgir es una dependencia emocional que no resuelve lo que duele

El porno, una de las mayores industrias.

La pornografía no es solo un contenido aislado, sino una industria global con una enorme capacidd de adaptación. Se reinventa, cambia de lenguaje y se integra en las dinámicas digitales cotidianas, generando nuevos marcos culturales que influyen en cómo se construyen el deseo y las relaciones. 

En el entorno digital actual, el consumo y la producción de imágenes sexualizadas se entrelazan con lógicas de reconocimiento social, visibilidad y monetización. Esto contribuye a que determinados contenidos explícitos se normalicen en edades cada vez más tempranas, configurando imaginarios que muchas veces se construyen sin un acompañamiento crítico.

El porno como modelo de violencia sexual.

La exposición a contenido pornográfico plantea un grave problema acerca de cómo ciertas prácticas sexuales violentas se están normalizando, a menudo sin un adecuado contexto de afectividad y empatía. Esta normalización de actos violentos disfrazados como prácticas sexuales «normales» puede llevar a la confusión entre lo que constituye una relación sexual saludable y lo que es una forma de violencia sexual. La pornografía, a menudo, representa situaciones de agresión, falta de consentimiento o desigualdad de poder como elementos eróticos, y esto puede distorsionar la percepción sobre lo que es una relación sexual respetuosa y consensuada.